Se han realizado encuestas a expertos del mundo del neumático, y el resultado ha sido abrumador.
 
El 91% de los expertos opina que la etiqueta energética no es tenida en cuenta al adquirir neumáticos. 

 
El sello europeo refleja la resistencia a la rodadura, la capacidad de frenada en mojado y el nivel de ruido que emiten, y aun así, no hacemos ni caso a la etiqueta de los neumáticos
 
La etiqueta energética de los neumáticos es más valiosa de lo que pensamos
 
Desde el 1 de julio de 2012, los neumáticos fabricados en la Unión Europea han de estar identificados con una etiqueta energética.
 
Esto trata de informar a los compradores acerca de la eficiencia energética, seguridad y rumorosidad de los neumáticos que se van a adquirir, y, sin embargo, nueve de cada diez expertos consultados opinan que esta etiqueta no es tenida en cuenta al adquirir neumáticos nuevos.

Cómo leer la etiqueta energética

La etiqueta energética es de sencilla interpretación. 
 
Refleja de una forma gráfica los tres puntos. 
 
El primero está reservado a la resistencia a la rodadura. Va de la letra A, que es la máxima aportación de la cubierta a la reducción del gasto de combustible del vehículo, a la G.
Cuanta más resistencia a rodadura, menos consumo de carburante, y por lo tanto, menos gasto.
 
El segundo se sirve de la misma escala para medir la adherencia del neumático en superficie mojada. Esto es vital para garantizar una óptima frenada. 
 
Por debajo de ambos, tres barras curvadas representan el nivel de decibelios que provoca la cubierta al rodar. 
Cuanto menos barras negras más eficiente será el neumático en este punto.
 
No cuesta nada mirar esta etiqueta y puede servirnos para decidirnos a la hora de escoger neumático.