Un vehículo es una herramienta fundamental nuestro día a día, y conviene tener un taller mecánico de confianza siempre a mano.

Se acaba el verano, y aunque no queramos hablar de ello, hay que tener en mente que nuestro vehículo sufre de distinta manera en verano que en invierno.

La bajada de temperatura unida al aumento en la lluvia y los cambios de temperatura, hacen que los materiales de nuestro coche se resientan, por lo que aquí, hoy, os vamos a recordar los problemas o averías más frecuentes que nuestro vehículo pueda tener en invierno.

– Batería: La batería es una de las averías que más se detectan en invierno, ya que es uno de los elementos más sensibles a las bajas temperaturas.
Con el frío tienden a descargarse y pierden capacidad de recuperación. Afecta sobre todo a aquellas que llevan ya varios años instaladas.
Si la batería lleva mucho tiempo instalada, lo más recomendable es sustituirla por una nueva.

– Motor: Al arrancar el coche, es recomendable esperar un par de minutos para que el motor y los líquidos principales del vehículo (aceite, líquido de dirección, frenos…) alcancen un mínimo de temperatura, por lo que se recomienda calentar el motor al ralentí.
Si esto no se hace así, no se consigue la lubricación necesaria y se pueden llegar a dañar las piezas móviles del motor, provocando una averia que puede llegar a ser muy costosa.

– Líquido refrigerante: Una de las propiedades de éste es que es anticongelante, pero hasta determinadas temperaturas, y con el uso y el paso del tiempo, este va perdiendo sus propiedades.
En caso de que éste se haya deteriorado es importante cambiarlo, por lo que se hace necesario comprobar el estado del liquido refrigerante.
El coste de un cambio de liquido refrigerante es mínimo en comparación al coste que puede provocar un sobrecalientamiento del motor o una ocasional rotura de la culata.

Además de este, no hay que dejar de lado el resto de los líquidos que utiliza nuestro vehículo, por lo que una revisión o cambio de aceite, de líquido de dirección o de frenos son recomendables ya que son fluidos vitales para el correcto funcionamiento del vehículo.

– Gomas del limpiaparabrisas: Aunque el uso de los limpiaparabrisas es continuado durante todo el año, los cambios de temperatura secan las gomas y las dejan rígidas, por lo que pierden eficiencia.
Además, en invierno, con las heladas, éstas pueden congelarse, quedándose pegadas al parabrisas y llegando a romperse al tratar de despegarlas o poner el sistema en funcionamiento.

– Otros problemas

Es aconsejable revisar el correcto funcionamiento de la luneta trasera térmica para poder ver en todo momento lo que sucede por detrás y que el cristal no se empañe.
Y como ya hemos comentado en otros artículos, también es muy importante comprobar el estado de los neumáticos.
En invierno y ante la presencia de hielo en la calzada, los neumáticos en mal estado aumentan las probabilidades de hacer aquaplaning y sufrir un accidente.

Por estos, y otros problemas de los que no hemos hecho mención en este artículo, siempre hay que tener nuestro vehículo en buen estado, tanto si es una herramienta de trabajo como si no, por lo que nuestro consejo es que tengáis siempre a mano un buen taller mecánico y de confianza al que acercaros en caso de cualquier imprevisto.